20/12/2007

EL PERRO



El perro de la casa se escapo.
Fue a las siete de la mañana cuando Casimir salía del garage. Espero toda la madrugada para fugarse. Se escondió entre los otros autos de la casa para que no lo amarraran. Recordaba con el frío de la madrugada aquel día en que llegó a esa casa. A penas tenía 2 meses de nacido. Tenía ilusion de tener familia, de lamer, de querer y de ser querido. Con el tiempo, la ilusion del hogar cálido desaparecio y su nombre se fue desvaneciendo. Era estorbo; era perro.
Aquella mañana, esperó la salida del sol y entonces sintió miedo. Casimir encendio el auto, tomó el control de la reja automática y presionó el botón de salida. El perro caminó canino con sus varias patas y se acercó al portón. Ni siquiera corrió. Nadie lo vigilaba, nadie lo detenía. Salió por la reja sin mayores estrategias, sin mayores prisas. Casimir retrocedio el auto y cerró la reja automática. Aceleró mientras cambiaba la estación de radio.
Choque. Ruido. Quejido de perro. Llanto. Agonía.
Casimir se bajo del auto y vio a su perro en al pavimento. Temblaba.
Casimir carga al canino… Camisa llena de sangre… Asientos llenos de sangre.
El perro murió.
Casimir enterró al perro en el jardín de su casa. Llora.
Lo quiere mas que nunca.
Lo quiere como nunca lo quiso.
Lo quiere porque no está.

24/08/2007

TODO PASA


Pasa el día y la semana,
Pasa la piel que se pone como pasa.
Pasa el caballo que corre como el tren
que dicen que pasa solo una vez.
Pasa el agua,
Pasan las lluvias,
Pasa el desastre y el desasosiego.
Pasa la lagrima que es salada
como el mar que también pasa con las olas y con el viento.
Pasan las agujas y el segundero,
Pasa la moda,
Pasan los grupos,
Pasa la fama, que así como viene pasa.
Pasa la hermosura, la delgadez y la gordura.


Pasa un tsunami y destruye a lo que pasa.
Pasan las guerras.
Pasan los árboles y las primaveras.
Pasa el invierno y pasa el hielo,
Pasa el incendio que deja cenizas que pasan con el viento.
Pasa el ganado y las manadas,
Pasas tu o paso yo?,
Paso, “Pasas?” , pasan.

Pasa el dolor
Pasa la sonrisa
Pasa la conquista
Pasa el beso y el orgasmo.
Pasan los años y los hijos
Pasan los nietos y las familias

Pasan las tierras que se unen y se desunen
Pasan los rumores y las teorías
Pasan las verdades y las mentiras
Pasa el río y pasan las piedras
Pasa el golpe y la noticia.

Pasan mis ojos por este mundo
Para ver que lo que existe pasa.
Pasa y no quiero que pase.
Pasa y ya quiero que pase.
Pasa inexorablemente.
Pasa la vida que se va y que se nos pasa.
Pasa la vida que de pasar se trata.

Paso y me decido:
paso la prueba.
Pasan los recuerdos y las heridas
Paso la página.
“Mami: ya pasó?”

“Pasa Daniela! ya estás en tu casa...”

24 de Agosto del 2007

04/07/2007

EL REGALO





Eran las cinco de la tarde y el cielo de Wimbledon estaba nublado. Los brazos negros y sólidos de Indira raqueteaban la pelota con firmeza, como si cada vez fuese a dar la estocada final. Sus dos piernas, duras como rocas, sostenían el cuerpo ágil de la atleta americana, quien, a pesar de la edad, pisaba el último período de su exitosa carrera como tenista.

Indira jugaba el primer tiempo de un importante partido en la ciudad londinense. Su competidora, una rusa blanca y mucho menos fuerte que ella, hacía todos los esfuerzos posibles para combatirla pero, como todos los competidores de Indira, la rusa encontraba demasiados obstáculos para ganarle a la americana.

Indira se sentía segura de sí misma, confiada de su juego, de su estrategia y de todo el entrenamiento que durante años había recibido de su padre. Aquel hombre, robusto y negro como Indira, había criado a sus dos hijas y las había preparado para el tenis desde muy pequeñas. Los ojos del padre robusto miraban cada movimiento que Indira hacía en sus jugadas y aunque ella lo sabía, aunque estaba consciente de que estaba siendo juzgada por la mirada severa pero justa de su padre, aun así le acompañaba la seguridad y la confianza en sí misma.

Entonces, los dioses del olimpo, que con frecuencia ven los partidos de tenis y que sabían de la seguridad de Indira, decidieron, después de una breve discusió celestial, enviarle una prueba a la joven atleta.

En la tierra, Indira dio un extraño paso en una de sus jugadas y sintió como la pantorrilla de su pierna izquierda se le convirtió en un mármol implacable que enseguida la carcomió del dolor. Con su mano derecha tomo su raqueta y la golpeo contra su pierna estática como en un intento de ablandarla. Se dio golpes una y otra vez pero fue imposible aflojarla. Intentó hacer un saque pero la pierna no le respondió y enseguida se vino con todo su cuerpo contra el cesped de la cancha londinense. Al momento, vinieron algunos medicos personales a evaluar el estado de Inidira quien intentaba cubrir la expresión de dolor con una de sus manos.

_ Olvídalo Indira! Lo mejor es que te retires! en estas condiciones no vas a poder continuar con el partido!_ Intervino uno de los médicos especializados.

_ Vamos nena! Vamos a casa!_ insistió el padre y entrenador de Indira.

Movio la cabeza diciendo que no, negándose a semejantes propuestas, luchando contra las dos lágrimas que corrían por sus mejillas, tratando de arrancárselas para no perecer.

Se levantó apartando a todos de su lado. Tomó la raqueta y al hacer el primer saque la pierna se le endureció aun más y volvió a caer adolorida sobre el cesped. Antes que el mismo equipo fuera a rescatarla, rápida, se levantó e hizo señas para que supieran que estaba bien y que no los necesitaba. Indira comenzó a jugar a pesar del dolor. Cada movimiento era una lágrima y cada paso provocaban los gritos de la jugadora. Sudaba. Estaba empapada y sus ojos aguantaban de no perderse en el dolor y concentrarse en lo que hacía.
El juego quedaba como en cámara lenta para sus ojos. Indira apoyaba su pierna acalambrada, tomando con sus dos manos la raqueta y dándole con todas las fuerzas y con toda la precisión posible a la pelota. Esta cruzó la malla y cayó casi al borde del otro lado de la cancha dejando a la rusa sin posible alcance. Indira lanzó un grito. Esta vez era un grito diferente, era un grito milenario, anscestral, de lucha, de logro, de sobrepaso de límites; era un grito animal, negro, con los dientes, con las lágrimas. El padre se levantó de las gradas, abandonó las gafas y la acompañó a ella con su maullo épico de triunfo.
Indira seguía sudando y aunque aun quedaba tiempo de juego, las fuerzas se agotaban y la tensión de la pierna se volvía insoportable. La joven robusta sintió que sola no iba a poder más. Entonces, con las manos juntas, levantó su cabeza hacia el cielo y, con los ojos cerrados, balbuceó algunas palabras. Nadie entendía lo que Indira hacía. Ella misma no sabía lo que hacía. El padre se volvió a levantar de las gradas , señaló el cielo con su dedo índice y grito en grito de eco:

_ Indira!!!

Indira abrió los ojos y vio las nubes con la lluvia amenazante. A los pocos segundos, el acontecimiento era inminente: las gotas cayeron sobre la cancha de Wimbledon la cual recubrieron con un plástico inmenso hasta que pasara la fugaz e inesperada tormenta. El partido quedó detenido y gracias al descanso obtenido por el clima, Indira pudo reposar la pierna y recuperarse casi del todo. En un lapso no mayor de quince minutos la lluvia se detuvo (como para que no se pensara que aquella lluvia había sido cosa de la suerte) y el juego continuó. Indira seguía lesionada pero con menos obstáculos que antes. Seguía con su espíritu implacable de triunfo pero en sus ojos, se reflejaba un ligero cambio. Aquella seguridad que siempre la acompañaba se había redimensionado de una forma inaudita; no sólo era que estaba segura de que podría lograr cuanto se propusiera, sino que al mismo tiempo se daba cuenta de su propia vulnerabilidad como ser humano. La posibilidad de ser derrotada le había acercado a la maravillosa visión de superarse realmente a sí misma, de aprender cada día de algo que ella suponía tenía aprendido. Esa tarde, Indira sobrepasó los límites y jugó con los dioses del Olimpo quienes al ver su invaluable esfuerzo, le regalaron el milagro de un pedazo de conciencia.


(inspirado en un juego de Serena Williams)
_Fotografía cortesía de internet_

23/06/2007

ANGELICA DELIRIUM



Angelica, venida de la pesadilla,
venida del pene gigante que la persigue,
de los dientes gigantes que se la comen,
del barco de plastilina y del ojo incesante,
se levanta sin mas movimientos
que los que hay en un despertar comun
de madrugada y pesadilla cualquiera.

Angélica Delirum delira la lucidez
y se pregunta si aun sigue soñando.
Se toca los brazos y se toca la cara,
se toca los ojos y los obliga a sus dedos.

Angelica se mira en el espejo
y en su habitación no hay espejos.
Toca la cobija que la arropa del frio
y siente la tela como nunca la habia sentido.

La cobija se le convierte en centro,
en el objeto mas especial e invaluable,
no por ser cobija, sino por ser sin querer serlo,
por estar y permanecer a su lado

Angelica delirium delira que dice las palabras prohibidas

Habla con todos y con la nada,
luce como loca si la viesen,
pero en realidad es la cordura la que le abruma.
Rie de dicha extrema porque lo ha resuelto todo
y no ha resuelto nada.

En un pedazo del prodigio de su cobija
se dibujan figuras diversas que le asombran
y que le aterrorizan.
Cierra los ojos y sale corriendo de su delirium.

Busca la tele y se olvida de lo ocurrido.
Se averguenza de si misma
y tambien se enorgulloce por haberlo visto.

Haber visto que?
Se pregunta en voz alta.

Angelica Delirium duerme nuevamente
y en el sueño piensa que está despierta
y que camina cuerda como la gente
y que se arropa con cobijas normales
con las que se arropa la gente.

Si tan solo supiera
que ha vivido por vez primera
la luz y la claridad del espiritu.

Coraje Angélica!

Abre los ojos aunque te petrifiques!
No temas a este mundo!
Levantate!
Despierta!

(fotografia cortesia de internet)

11/05/2007

FORO DE DISCUSION 1:


TEMA A TRATAR:
"La Sublimación"

Según algunas fuentes recopiladas, sublimar, significa lo siguiente:
"...cambiar el objeto pulsional (del deseo) del sujeto por otro objeto, desexualizándolo para hacerlo pasar a través de la conciencia ya que todos nuestros deseos son reprimidos e instalados en el inconsciente. La sublimación es como una forma de "engañar" a nuestra consciencia para llevar a cabo el deseo sublimado. Sería como derivar el deseo y realizarlo, o intentar realizarlo, por otro camino (tareas de prestigio social, como arte, religión, ciencia, política, tecnología). "

Con este concepto entendemos que;

1) Se siente el "deseo inferior" (D.I.) (instintos de violencia, institintos sexuales, etc)
2) Se detiene el D.I. y no se lleva a cabo bajo su forma.
3) Se elige una "actividad superior" (A.S.) de órden intelectual, deportiva o artística de la misma fuerza del D.I.
4) Se realiza esta A.S. y se sustituye al D.I.

Preguntas de reflexión entorno al tema:

- En el paso que se plantea en el número "2":¿no se estaría reprimiendo el D.I. al detener al mismo?
- Si hay tal represión: ¿no quedarían los D.I. igualmente alojados en el inconsciente sin importar cual A.S. hagamos?
-¿Cómo saber si al elejir una A.S. se extingue por completo el D.I.?
- Entonces:¿Existe verdaderamente la sublimación?

Dejemos que las respuestas vengan de los lectores...

05/05/2007

EL TRANSCURRIR DE LAS AGUJAS



La aguja esperaba asfixiada dentro del paquete. Sabía que pronto saldría porque era la última y la única que quedaba en la gaveta de aluminio. Había esperado meses para el momento de salir de allí , pero cada vez que la mano gigantesca abría la gaveta, se tropezaba con su paquete y escogía a otra. Ella era la aguja más gruesa de todas y por eso la mano siempre la evitaba y elegía a las más finas y delicadas. Sin embargo, siempre sentía alivio al ver que nunca era la elegida pues pensaba, que las que eran tomadas, sufrían un tortuoso destino. Durante meses había escuchado el llanto y las súplicas de las otras agujas que imploraban piedad y por eso se sentía aliviada cada vez que la mano gigantesca tomaba el empaquetado cuerpo de otra.
Un día, la mano abrió la gaveta y la aguja sintió pavor: sabía que la tomarían a ella pues no habían más agujas en aquel espacio. La mano la tomó apresuradamente y ella sintió nervios por lo que estaba sucediendo. El paquete fue arrancado de sus alrededores y enseguida entro una brisa que invadió toda su longuitud. Pronto comenzó a percibir todos los olores de su alrededor y los colores se apoderaron de sus sentidos (no sabía que eran colores pero igualmente los percibía.) De pronto sintió como su cabeza traspasaba una superficie fina y seca que no tardó en volverse roja y húmeda. Experimentaba un calor sofocante que la estaba asfixiando pero pronto, un líquido frío y tajante, pasó a través de su cuerpo y la heló por completo. Estaba petrificada por las sensaciones extremas y entonces deseó salir de aquel lugar. Su deseo se materializó súbitamente; era como si algo o alguien estuviese escuchando sus pensamientos porque pronto la mano gigantesca la tomó fuertemente y la jaló hacia afuera. Su cabeza fue expulsada de la superficie fina y suave y en la punta de su cabeza quedó adherida una gota de color rojo. La aguja, inmóvil en su naturaleza, percibía todo a su alrededor, esperando a la expectativa los próximos acontecimientos. De repente, un miedo superior la invadió por completo, como si presintiese lo que venía a continuación: la mano la lanzó por los aires y la aguja recorrió el espacio en cámara lenta. El tiempo se había prolongado en ese momento y la aguja comenzó a procesar los mil sonidos que había escuchado durante su estadía en la gaveta. Recordó los quejidos y las súplicas de las otras agujas y entonces pensó que ahora le esperaba lo peor. De pronto sintió como la luz disminuia y el aire se comprimía en un sólo espacio. Su puntiaguda cabeza choco contra una superficie dura e impenetrable lo que ocasionó la total torcedura de su cuerpo estremecido. Una gran tapa negra se acercó al recipiente donde había caido hasta pegarse completamente. La aguja estaba de nuevo encerrada en un paquete más grande pero más oscuro, con el cuerpo torcido y adolorido. Un pequeño rayo de luz le dejaba ver los cuerpos muertos de otras agujas que yacían tiradas a su alrededor y entonces supo que había llegado el final. Sin embargo, al poco tiempo del impacto, logró ver las otras agujas que compartían con ella el reducido y asfixiante espacio: todas, en su fúnebre estado, mostraban expresiones de placidez y de gratitud en sus rostros puntiagudos. La aguja no lo entendía. ¿Cómo después de aquel sufrimiento podían mostrar complacencia en sus expresiones? ¿Cómo no habían muerto sintiendo pánico y terror por las sensaciones extremas y el dolor? ¿De qué sonreían?

La aguja cerró los ojos y sucumbió.

El sonido de la gaveta de aluminio la despertó. La mano gigantesca comenzó a vacilar en la elección de alguna de ellas. La aguja había estado soñando y aunque nada de aquello había pasado realmente, su destino era inevitable e inminente. Sin embargo, dentro de sí, cultivaba un extraño deseo: anhelaba ser elegida por la mano gigantesca. Deseaba experimentar realmente todo lo que había soñado, salir del paquete de plástico, sentir la brisa, percibir los colores y la calidez del rojo y de las supeficies, volar por los aires y finalmente chocar contra la superficie cruda y dolorosa de la papelera. Entonces sucedió. La mano gigantezca la eligió a ella antes que a las otras agujas. Sus envolturas fueron rasgadas de su alrededor y así sintió la plácida brisa del exterior. Cuando finalmente voló por los aires, entendió que los quejidos que había escuchado desde la gaveta no provenían de las agujas sino de los seres de las manos gigantezcas. La aguja sintió la dicha de haber vivido y de ser elegida, la dicha del placer, de los extremos y del dolor. Al caer en el fondo de la oscura papelera llevaba en su puntiagudo rostro la misma placidez que había visto en los mil rostros de las agujas de su sueño. Ahora ya no sentía miedo. Con las últimas fuerzas de vida, torció su punta afilada y, feliz, murió.

04/09/2006

CUENTO EN EL AVILA: la marabunta



Eran las cuatro de la tarde y Tomás insistía en subir. Teresa se vistió de deporte con pesadez pero lo hizo porque temía la mala cara de Tomás y porque en verdad pensaba que quizá el esfuerzo de la subida le quitaría la sensación de cargar con una piedra dentro del cuerpo. Siempre era así y al final Teresa le daba gracias a su voluntad o a la voluntad de Tomás por haberla precisado. En la cumbre Teresa siempre era feliz.
Iniciaron el ascenso y Tomás notó enseguida la debilidad de su novia. Comenzó entonces su terapia verbal de montañista o rescatista, a fin de cuentas, cualquiera de los dos discurso funcionaba para fortalecer a Teresa. “Siente que tus piernas son dos motores”, “respira con control”, “utiliza toda la planta del pie”, “olvídate de los pensamientos negativos” y la que nunca faltaba: “tu puedes!!!”. Estas frases ejercían un efecto casi mágico en aquella chica. (Por eso Teresa adoraba subir con Tomás porque sabía que ningunas otras palabras la reconfortaban y le daban más poder que las de su novio.)
Teresa hacía un esfuerzo pero estaba controlada y sabía que iba a lograrlo. En el camino vertical pensaba o más bien era testigo del torbellino de ideas, recuerdos y fantasias que pasaban por su cabeza. Esta era una herramienta efectiva que ella utilizaba para no darse cuenta de cuánto camino faltaba para llegar hasta arriba. Lo mismo hacía Tomás pero sus pensamientos eran mucho menos noveleros que los de Teresa. Él pensaba en que no había traido la linterna por si se les hacía de noche, en que tenía que reparar la bicicleta para salir de excursion, en qué bonitas piernas tenía Teresa, en qué piernas tan ricas había visto el otro dia por Los Dos Caminos, en qué detallista era Teresa con sus regalos extraños que le hacía, en que habían ya pasado dos semanas sin poder hacer el amor, en que debería hacerse rico para poderse comprar un apartamento para así poder hacer el amor más seguido con Teresa, pensaba en que definitivamente llamaría a su primera hija Alegría y al segundo Jon Pol, a pesar de lo que dijese Teresa de querer tener si acaso sólo un hijo, que él sabría convencerla más adelante, que ese era su sueño y punto, que qué bolas el monte cómo había crecido en el camino de subida, que ya ese guarda-parques no hacía su trabajo, que él podría ser guarda-parques y vivir feliz con Teresa en la montaña con mil quinientos carajitos, un venado y tres gatos y rescatar a imprudentes montañistas y salir y fumar un porrito todas las noches en medio de aquel paisaje…
Sumergido en sus pensamientos a penas reparó que se le había adelantado a Teresa por un buen trecho en el camino. Ya estaba oscureciendo y se detuvo a ver dónde había quedado su novia. Le silvó el silvido clásico de ellos, el de búsqueda, el de distancia y enseguida escuchó la respuesta de Teresa quien se había quedado bastante más atrás que Tomás. Después del silvido Teresa le gritó entre jadeos a Tomás que siguiera, que no se parara, que ella iba bien, que tranquil! Tomás la divisó a lo lejos y decidió continuar con el camino y con sus pensamientos.
Tomás comenzó a trotar el ultimo trecho como siempre lo hacía . Ahora se acordaba de aquella vez que los atracaron y le quitaron el carro a Teresa, en cómo gritaba y lloraba ella del pánico y de la rabia, en lo paranoica que se había vuelto Teresa desde aquella vez, en las peleas que habían tenido por las historias y películas que se hacía ella en su cabeza de robos y asesinatos multiples, que quizá tenía razón, que ya Caracas estaba muy heavy, que quizá debería aprender a usar un arma o tenerla por si acaso, o que mejor no porque había escuchado del amigo de un pana que lo habían matado unos malandros por defenderse con su arma, que quería ver la película “Muerte Súbita” que estaba en carteleras y terminar por fin de ver los últimos dos capítulos de 24 horas que estaba tan buena, que qué bolas ese Jack Bauer que siempre se salvaba de todo y mataba a todos sus enemigos sin compasion alguna, que qué ejemplos tan chimbos estaban dando a los televidentes, que la sociedad norteamericana está hecha mierda con tanto asesinato de tanto loco suelto, que allá deben estar peor que nosotros porque allá hasta los pelaitos son los que matan a otros niños, que cómo pueden matar así pana!!, “uff! Ya llegue!”
Ya era de noche y Tomás caminó en círculos en el tope del tanque para normalizar su respiración como siempre lo hacía. Luego estuvo calmado y se acercó hasta un grifo a tomar agua. Fue cuando sintió el frío del agua en su garganta que se acordó de Teresa. Se levantó a ver si venía cerca pero pensó que quizá llegaría en unos minutos , los mismos minutos después en los que siempre llegaba Teresa. Tomás se sentó a quitarse las medias y los zapatos. Se acostó en el asfalto del tanque y contemplo la noche estrellada. Volteó la cabeza hacia el camino a ver si Teresa se acercaba pero no veía nada por lo cual decidió levatarse y caminar unos pasos de regreso para ver por dónde iba. Desde esa altura podia divisarse un buen trecho de camino en ascenso y Tomás no veía a Teresa ni cerca, ni lejos, ni en el medio. Silvó el silvido de búsqueda pero no escuchó respuesta alguna. Tomás pensó que quizá se había parado a tomar aire o se había cansado, que cuántas veces le ha dicho que pararse en el camino cansa más, que qué terca, que en verdad ella nunca se para aunque esté exhausta, que y si le dió asma? , que si habrá traido la bombona…
De pronto tuvo la sensación de que nada de eso estaba pasando realmente y comenzó a preocuparse. Se regresó rápido a ponerse los zapatos como pudo sin siquiera tener tiempo de amarrarlos o ponerse las medias: sólo pensaba en que por qué Teresa se tardaba tanto coño!
Tomás caminaba lo más rápido que podia tropesándose de vez en cuando con las trenzas de sus zapatos las cuales no había podido amarrar. Mil quinientas imagines se le pasaban a Tomás por la cabeza y su respiración se hacía cada vez más acelerada aun más cuando escuchó a lo lejos las carcajadas de un hombre. A partir de ese momento surgió en Tomás un instinto felino animal e irrovacable. Decidió deshacerse de sus zapatos de montaña y continuar corriendo descalzo. Tomás llegó hasta unos pequeños matorrales a través de los cuales se veía el resto del camino hacia abajo. Fue entonces cuando vió entre la oscuridad y las sombras de la noche a Teresa rodeada por dos hombres, uno de los cuales se reía a carcagadas y se le acercaba a Teresa. Enseguida y sin pensarlo mucho, Tomás tomó las primeras dos peñonas que encontró a su alrededro y acercó una rama fuerte. Su respiración estaba disparada y sudaba mucho más que en la subida. Estaba dispuesto a matar aquellos dos hombres que parecían que pronto iban a atacar a Teresa. Una de sus manos tomó con fuerza una de las peñonas y la lanzó con todas sus fuerzas a uno de los hombres. En una actitud casi felina, Tomás cogió la rama fuerte y echo a correr hacia los hombres. Tomó la rama con todas sus fuerzas y comenzó a golpear a uno de los hombres. Lo golpeó uno y otra vez sin parar, frenético de ira. El otro hombre le gritaba que parara, que ya! Tomás no veía nada, sólo sentía la ira, la adrenalina, el instinto de defender; nada más cabía en su cabeza en ese momento. De pronto escuchó que uno de los hombres gritó el nombre de Teresa. En ese momento todo se congeló para Tomás. Volteó y en verdad lo que veía estaba relentado como el slow motion de una película. Fue hasta ese momento cuando vio a uno de los hombres tomando el cuerpo acostado de Teresa. Tomás vislumbró el rostro de aquel hombre: era un amigo de Teresa que sostenía la cabeza ensangrentada de ella. Tomás no podia creer lo que veía! A lado del cuerpo convulsionante de su novia yacía la peñona que minutos antes había lanzado con todas sus fuerzas y que por error había chocado contra el cráneo de Teresa. Los gritos de los amigos de Teresa eran escuchados por Tomás sólo como un eco lejano: estaba completamente paralizado y en shock. Vió como el cuerpo de Teresa dejó de convulsionar, cómo perdía sangre y más sangre, cómo se paralizó en el ultimo aliento de vida, cómo sus amigos se la montaron en el hombro como pudieron y la bajaron hasta desaparecer de la vista de él. Tomás estaba petrificado del impacto sin poder moverse, como si se hubiese bebido la miel del cuento aquel de Horacio Quiroga el cual había leido días antes y que cuenta cómo un hombre quedó paralizado por una miel silvestre hasta ser comido vivo por una plaga llamada la marabunta o la corrección. La marabunta de aquella ficción se hacía real en la vida de Tomás en ese momento infinito e interminable. Tomás estaba de rodillas, petrificado, viendo como la incorregible marabunta invisible del dolor y de la agonía se llevaba frente a sus ojos su bienestar, su vida, su futuro. De Tomás no quedó nada esa noche. La Marabunta del destino arrasó hasta con su alma.



Daniela Bascopé

(nombres de personajes cortesía de Milán Kundera y su insoportable levedad del ser)

SUBJETIVA



Quise un día ser risa y archipiélago
para navegar en el mar de lo abstracto
lo efímero y lo impalpable

Me vestí de valentía y coraje
para caminar por el revés del mundo
y enfrentarme con la verdad
que es una y son miles.

Me transformé en las mil caras
con las que vive el artista
y simulé que volaba
contemplando un instante...
...el instante...

Y entonces, cuando me cansé de fingir
que la había encontrado,
cuando caí vencida y agotada por la lucha
que había emprendido mi espíritu,
se encendió una luz inaudita
y me convertí en el pájaro
que vuela sobre el mundo de ensueños
y que vive como centro y segundo



¿Dónde estabas locura?